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CÓMO HACER UNA BUENA EXFOLIACIÓN FACIAL

Otoño, esa época del año que tiende puentes entre el calor del verano y el frío del invierno; es estación de tránsito entre extremos, climatológicamente hablando. Son tres meses que nos ponen en marcha de muchas maneras: ya volvimos al trabajo o a los estudios tras las vacaciones, comenzamos a echar en falta la chaquetilla alguna tarde tras la puesta de sol -cosa que seguro ha traído algún resfriado temprano- y también empezamos a notar que la piel ha perdido el tono y el brillo de esos días más cálidos.

En fin, otoño es un aviso del frío que vendrá y de qué tenemos que prepararnos para ello a todos los niveles. La naturaleza comienza a mudar de piel, las hojas de los árboles se empiezan a secar y a caer, la tierra que se cultivó en primavera y dio frutos en verano está ahora en reposo, removida y aireada para soportar las bajas temperaturas que vendrán, …qué bucólico, ¿verdad? Pues resulta que, como seres vivos que somos, a nosotros nos pasa lo mismo que al resto de la naturaleza y nuestra piel es quizás la que más lo nota.

Como expertas en belleza nunca nos cansamos de recordar qué importante es la hidratación y la limpieza de la piel. Pues ahora, en esta época, podríamos decir que la palabra clave es renovación, y en el aspecto de la belleza de la piel lo traducimos en una acción básica y, todo hay que decirlo, súper placentera, que se llama exfoliación.

QUÉ ES Y PARA QUÉ SIRVE LA EXFOLIACIÓN

Como parte de un proceso natural, las células de la piel siguen un proceso de renovación mediante la eliminación de las células muertas que se van desprendiendo de la epidermis por sí solas; esto es lo que se llama exfoliación.

Sin embargo, estas células muertas no caen inmediatamente y antes de desprenderse -ya sea por el roce, al lavarnos, etc-,  quedan sobre la epidermis y dan ese aspecto de piel con escamas. Por esta razón, desde la cosmética se pensaron productos que, de manera suave y beneficiosa para la piel, eliminaran las células muertas; así nacieron los exfoliantes.

De todas formas, la exfoliación sirve para mucho más, así que aquí os detallamos los beneficios de esta acción cosmética:

  • Es ideal para eliminar en una sola acción todas las células muertas, como explicábamos antes, pero eliminamos también todas las impurezas de la piel.
  • Ejerce una acción de estimulación de la microcirculación sanguínea, mejorando el aporte de nutrientes a toda la zona tratada.
  • Los poros de la piel quedan libres de impurezas, por lo que estamos facilitando también la acción de los tratamientos y productos cosméticos que usamos habitualmente.
  • La piel gana luminosidad y tersura de manera inmediata.

CÓMO EXFOLIAR LA PIEL DEL ROSTRO

Ya nos conoces, somos fieles a lo natural, así que te vamos a explicar un ritual exfoliante que puedes realizar usando como base nuestro limpiador Cleanse Me. La ventaja que aporta nuestra limpiadora facial usada para exfoliar es que, al mismo tiempo que limpia, nutre y regenera la piel, dejándola radiante y elástica gracias a los 5 aceites presentes en su formulación (semilla de uva, oliva, almendras, zanahoria y aguacate) y a los extractos vegetales.

¿Qué nos hará falta entonces para conseguir el efecto de exfoliación? Pues simplemente añadirle un elemento exfoliante, y te aseguro que eso es muy fácil, enseguida lo verás.

  • En primer lugar, la exfoliación debe hacerse siempre sobre la piel limpia, así que si llevas maquillaje, procede primero a usar la limpiadora Cleanse Me para desmaquillar completamente el rostro.
  • A continuación ya puedes pasar a la acción exfoliante, y para ello te vamos a dar dos opciones:
    • Opción 1: En un pequeño cuenco, tacita o incluso podrías usar la palma de tu mano, deposita dos dosis (dos presiones) de Cleanse Me y añade ¡pero sin remover de momento! media cucharadita de las de café de un elemento exfoliante adecuado a tu piel. ¿Y qué añado? te preguntarás; pues te vamos a dar varias opciones muy prácticas y fáciles de obtener. Piensa que al usar nuestra limpiadora, que ya por sí misma tiene propiedades excelentes para la piel, lo más importante a la hora de escoger el elemento exfoliante es el grosor de las partículas que haremos girar sobre nuestra epidermis. Al tratarse del rostro, es conveniente que sean partículas finas.

Escoge alguno de los siguientes productos:

  • Micronizado de alguna planta: lavanda (regenerante y antiedad), romero (para pieles sensibles), tomillo (pieles con acné), salvia (aquí te hablamos de ella), o incluso de una mezcla de varias plantas. Las puedes comprar en una herboristería ya en polvo o secas y molerlas en casa; también hay marcas de cosmética ayurvédica que comercializan mezclas de hierbas en polvo para usar en mascarillas, emplastes y como exfoliantes.
  • Copos de avena (de los naturales no tostados) triturados, de efecto suavizante y calmante.
  • Sal marina fina o incluso sales del mar Muerto; en este segundo caso, si son sales de textura gruesa conviene molerlas lo más fino posible en un molinillo o en un mortero. La sal de mesa ejerce un buen efecto exfoliante y está presente en todas las cocinas; las sales del mar Muerto además de exfoliar, aportan minerales y oligoelementos, pero repito, tritúralas finamente.
  • Otros elementos que tengan un poco de grano, como el café molido fino, por ejemplo, o la arcilla verde en polvo.

A continuación, y antes de remover la mezcla, humedece el rostro con agua tibia y, ahora sí, mezcla el Cleanse Me con el exfoliante usando la yema de uno de tus dedos e, inmediatamente, aplica la mezcla por todo el rostro sin llegar al contorno de los ojos ni de la boca.

Usa tus dedos para masajear la cara, insistiendo un poquito más en las zonas grasas (nariz, frente y barbilla). Con un par de minutos bastará, incluso menos si tienes la piel muy sensible.

Aclara con agua tibia, tal y como lo haces normalmente.

  • Opción 2. Muy fácil y sencilla y especialmente indicada si tienes una piel muy problemática a nivel de alergias. Aplica el Cleanse Me sobre la piel con agua tibia tal como haces siempre, con suaves movimientos, pero evitando la zona alrededor de los ojos y de la boca. En el momento de retirar el producto, hazlo usando un elemento exfoliante como una esponjita de luffa o una muselina de algodón o de bambú humedecidas en agua tibia y con suaves movimientos circulares, de manera que vayas haciendo un efecto de arrastre.

Lo hemos probado y te puedo asegurar que el resultado es espectacular, la piel queda tan suave que te entran ganas de repetir a diario. Pero no, ¡no lo hagas cada día! La frecuencia siempre dependerá del tipo de piel: desde una vez por semana si tienes una piel sensible, a dos si es más bien tirando a grasa y con poro grande.

¡Disfruta del placer de cuidarte!

 

Inma Sebastía

Inma es periodista especializada en belleza y lifestyle, lleva más de 25 años en la profesión y, entre otras cosas, ha sido directora de la revista Woman, profesora de periodismo de moda y ha tenido su propio centro de terapias y belleza natural.

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